jueves, 28 de mayo de 2009

Eterno sueño

Por Álvaro Triana

Lo primero que haré al despertar de este absurdo sueño será hablarte por teléfono para invitarte a comer, quiero saber de tu hija, de mi nieta. Quiero revivir la emoción de ser padre por primera vez. Me urge despertar para poder oír tu voz, aunque sea a través de un aparato, no me importa; lo que quiero es escucharte de nuevo.

Sé que tu mamá también desea lo mismo, sólo que ella es un poco rara, ya la conoces; los celos de madre a veces le impiden aceptar rápido las cosas. Hasta en mis sueños se comporta de manera extraña: desde hace un rato no para de llorar. Se levanta del sillón donde estamos sentados y va hacia la pequeña y sombría sala que está enfrente, regresa y me mira fijamente, como cuando quiere decirme una gran verdad; de nuevo se vuelve a la sala, se cuelga del cuello de tu tía y retorna a mi lado; me abraza y con un tono maternal me dice al oído: “todo estará bien, él ya está en un buen lugar”. Yo la abrazo también y le digo que lo sé.

No creas que soy malo con ella, que no la entiendo o que la ignoro, no pienses eso. Tú sabes que la amo y que también te amo a ti; sólo que esto es un sueño, sé que es un sueño pero no logro despertar.