Por Álvaro Triana
Lo primero que haré al despertar de este absurdo sueño será hablarte por teléfono para invitarte a comer, quiero saber de tu hija, de mi nieta. Quiero revivir la emoción de ser padre por primera vez. Me urge despertar para poder oír tu voz, aunque sea a través de un aparato, no me importa; lo que quiero es escucharte de nuevo.
Sé que tu mamá también desea lo mismo, sólo que ella es un poco rara, ya la conoces; los celos de madre a veces le impiden aceptar rápido las cosas. Hasta en mis sueños se comporta de manera extraña: desde hace un rato no para de llorar. Se levanta del sillón donde estamos sentados y va hacia la pequeña y sombría sala que está enfrente, regresa y me mira fijamente, como cuando quiere decirme una gran verdad; de nuevo se vuelve a la sala, se cuelga del cuello de tu tía y retorna a mi lado; me abraza y con un tono maternal me dice al oído: “todo estará bien, él ya está en un buen lugar”. Yo la abrazo también y le digo que lo sé.
No creas que soy malo con ella, que no la entiendo o que la ignoro, no pienses eso. Tú sabes que la amo y que también te amo a ti; sólo que esto es un sueño, sé que es un sueño pero no logro despertar.
Sé que tu mamá también desea lo mismo, sólo que ella es un poco rara, ya la conoces; los celos de madre a veces le impiden aceptar rápido las cosas. Hasta en mis sueños se comporta de manera extraña: desde hace un rato no para de llorar. Se levanta del sillón donde estamos sentados y va hacia la pequeña y sombría sala que está enfrente, regresa y me mira fijamente, como cuando quiere decirme una gran verdad; de nuevo se vuelve a la sala, se cuelga del cuello de tu tía y retorna a mi lado; me abraza y con un tono maternal me dice al oído: “todo estará bien, él ya está en un buen lugar”. Yo la abrazo también y le digo que lo sé.
No creas que soy malo con ella, que no la entiendo o que la ignoro, no pienses eso. Tú sabes que la amo y que también te amo a ti; sólo que esto es un sueño, sé que es un sueño pero no logro despertar.